La palabra “consecuencias” o “heridas
abiertas” no me gustó. Le dí vueltas a una apropiada para esa sensación. Ese
sentimiento. Situación. Me gustaría denominarlo “mochilas”.
Cuando ya superás lo veintitantos
y no tenes tendencia a que te gusten los menores de 18, te digo que es difícil no
cruzarte con personas con un corazón cargado de mochilas. Hablando, sintiendo,
escuchando, quise poner en palabras este tipo nuevo de sensación de que todos
cargamos con una ex relación, ex amorío, ex dolor, ex herida, que nos
condiciona a partir de ahí en todas las relaciones que le siguen.
¿Cómo puede ser si tu ex novio/a
te engañó y mintió en cada situación que le fue posible,
comencemos a desconfiar en todo tipo de actitudes que nos rodean?
¿Cómo puede ser que si tu anterior relación terminó por
falta de ganas de remarla, empecemos a odiar a toda persona que no se la juega?
¿Cómo puede marcarte tanto algo que a la vez te pudo haber
hecho tan feliz momentáneamente?
¿Cuánto de una nueva relación estamos dispuestos a perder
por miedo a volver a caer?
¿Cuándo vamos a aprender a crecer, a superar, a entender, a
volver a creer?
¿Esto es bueno, o malo? ¿Quiere decir que aprendimos de
nuestros errores?
Por mi parte, tanta pared chocada me explicó que nunca tengo
que entregar todo lo que tengo hasta no ver llena el agua de la pileta. Jugármela
con cuidado, no ser tan ilusa, tener más miedo. Aprender que con querer a
alguien no alcanza, que todo esto es de a dos. Por mala suerte.
Las relaciones se vuelven más complejas con el pasar de los
años, del crecimiento, con las horas que cargamos. Y las mochilas se vuelven
más pesadas, dolorosas, intensas. Y no siempre tenemos ganas de sacarla de la
espalda, no siempre nos cuesta dejarla en el perchero de entrada a lo nuevo. A
veces la abrimos, la revisamos, sacamos algo del fondo, lloramos.
Las relaciones se vuelven más complejas, más complicadas,
pero también más fuertes. Pasa el tiempo y te encontras con cada vez más gente
que se la quiere sacar. Que se la quiere sacar de la espalda por vos. Y es un
rasgo realmente admirable aquella persona que realiza el mismo gesto y la deja atrás.
Se trata de encontrar una nueva mochila, un nuevo bolso, completamente vacío,
que puedas volver a llenar. Y, si tenes mucha suerte de verlo y prestas mucha atención,
el peso es mucho más liviano porque se lleva de a dos.
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