Si te desayuno con
mis dedos, no te acuestes a mis pies. Ni me cuentes como tres.
Vení, hoy no
pensemos. Durmamos en la calma.
Quiero levantar la
mano y gritarme “pará”. Callar a mi cerebro, invitarlo a aclarar.
Y es que si no me
puedo encontrar; jamás nos vamos a sincronizar.
(Sabes que tengo el
alma abollada y no se quiere acomodar)
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