viernes, 21 de noviembre de 2014

que no haya nada



Un sinsentido interminable. Intentar mantenerme de pie resulta un acto imposible. Las cosas dan vueltas y el corazón salta, palpito adrenalina.

Si hacia frio, no lo sentí. Si hacía calor, tampoco.

Era como estar en un trance de muerte, porque si miraba a mis costados no había nada. Solo imágenes, recuerdos. Sin puerta de salida ni ventanas con luz. Nunca quise escapar tanto de mí misma.

Las palabras salían de tu boca, intentaba detenerlas pero no podía. Y pensaba alternativas para detener este vomito verbal y era luchar contra todos mis miedos, recorrer todas mis dudas. Escuchar en voz alta todo aquello que nunca pedí enterarme era volverlo real.

¿Y para qué intentar cerrar los ojos? Si mi mundo se volvía una calesita. Otra vez esos recuerdos que intentaba bloquear todo el tiempo. Querías ser libre, y yo no. Te ví volar.

Y surgió la nostalgia, como si estuvieran desesperada por salir de una jaula, enterrada por años. Reprimida. El aroma que me dejaste en un cajón, el tacto, vos, vos y yo: nuestro tiempo. Que resultó ser solo tuyo.

Y deseé con todas mis fuerzas ir al pasado.

Ir al reencuentro. Conmigo misma. Con lo que era antes de ser nosotros.

Y esta vez, finalmente, pude volver a encontrarme. Otra vez, me ví.

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