No sé qué McDonalds era, solo me acuerdo que habíamos tomado
Fernet como si fueramos seis hombres y que habíamos caminado mucho desde el
boliche para llegar ahí. Yo quería mis papas fritas grandes con kétchup y no
había tacos suficientemente altos, calles enormemente largas y chorros
gigantemente cabezas que me lo impidieran. Y el resto me seguía, no sé de quién
fue la idea, pero finalmente llegamos.
Estaba repleto de gente, eran alrededor de las cinco de la
mañana y a todos se les antojaba bajar el chupi con cosas grasosas, todos
gordos felices, no sé si sonreían por la borrachera o porque iban a comer, pero
yo sonreía también.
Nos sentamos las seis en una mesa y comimos como bulímicas
desnutridas. Creo que me lastré 20 papas fritas en 10 segundos, encima la hija
de puta de mi amiga Gise no se pidió nada para hacerse la light y me las robaba
cuando yo me distraía: te estoy viendo chabona, con el morfi no se jode, pensé
que teníamos códigos, una más y me garcho a tu papá. Y me embarazo, forra.
De repente, cae un sobre de mayonesa volador en el centro de
nuestra mesa. Lo observo, no sabía si realmente había pasado o si estaba más en
pedo de lo que creía. Me tildé mirándolo unos veinte segundos hasta que decidí
dejar de fantasear mierda y mirar al resto de las chicas. Ah, no, no era
fantasía, porque el segundo sobre cayó al lado de Pame y esta vez estaba
abierto. Después fueron papas fritas, y pedazos de pan. Qué chota pasa? Mi
lentitud mental comenzaba a molestarme y escucho a un chico de la mesa de al
lado decir “Si les tiran algo más les digo algo”. No sé quién sos, no sé de qué
hablas, las mayonesas voladoras intergalácticas no me importan, no te hagas el
galán. Gise me pega un codazo “Esta re fumado pero está bueno eh”. Lo miro:
amigo, abrí los ojos, disimulá que te encanutaste cinco churros. Este es un
ambiente familiar, pienso, y miro de reojo la gigantografía de Ronald McDonald
abusador con cara de psicópata en el sector para niños.
Al parecer era la única que no estaba conectada con la
historia de los objetos que aterrizaban en nuestra mesa, porque el resto de mis
amigas comenzaron a putearse con una mesa ubicada a unos diez pasos compuesta
por seis pibes bastantes gomas y con el coeficiente intelectual de un chico de
cinco años. Mezclado con un camello. Que
aún babea.
Lo que sucedió a continuación pasó en lo que a mí me
parecieron diez segundos. La discusión continúa, el fumado se levanta haciéndose
el héroe, les grita a los gomones tira mayonesa “Vamos afuera”. Mis amigas
ponen cara de poker. Salen los seis giles, el superman inhalador de plantas y
su amigo y nosotras miramos desde adentro. Se empiezan a cagar a palos pero
zarpadamente. Cachetada va, piña viene, patada ninja, yo comía mis papas y la
pasaba genial. De repente miro a mi costado y Gise ya no estaba. Como buena
borracha, se levantó decidida no solo a terminar la pelea sino a levantarse al
fumón. Mucho coraje, nosotras la aplaudíamos como si fuera Juana de Arco. No
sabemos en qué consistió la conversación que tuvo con el grupo, pero veía a una
chica con un vestido rojo y lentes de sol (nunca supe por qué tenía lentes de
sol a las 5 am) moviendo los brazos indignada y a los gritos. Yo la filmaba
desde adentro y relataba la pelea, les soy sincera: son puros balbuceos y
muchas malas palabras. Vuelve a entrar, se sienta y con su mejor cara de
puchero dice “No me dio bola”. Se quiso hacer la guacha pistola y le salió para
el ogt, le convidé una papa para que se sienta mejor. Solo una.
De repente, vemos que todos se hacen amigos: sí, así de
primitivos son los hombres. Se abrazan, se proponen ir a tomar una cerveza y se
van todos juntos. Nosotras, sin entender ni chota, salimos para volver a
nuestras casas y los encontramos en la puerta.
Ahora, les cuento que la historia termina con una de mi
grupo chapando con uno de los que de la mayonesa que vuela, pero tengo más
códigos que Gise y mis papas, y no la puedo quemar. Me puede llegar a matar. Noches
bizarras que solo suceden en Capital pensé, me tomé el 29 y pensé “esto mi blog lo tiene que contener”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario