miércoles, 30 de abril de 2014

ojalás noctámbulos



Tu vida siempre fue un infierno.
Y vos la quisiste dividir en dos.
Con un alma rota no te alcanzaba, te tuviste que partir en dos.
Y tu fragilidad siempre fue tu mayor fortaleza, y ya no hay vuelta atrás.
Ojalá un día te encuentres, ojalá algún día ya no estés.
No se le puede desear lo peor a quien poco tiene, a quien amar no puede.
Y esa falta siempre te va a pesar, ojalá algún día te puedas amar.

domingo, 27 de abril de 2014

Vos, inalcanzable.



Cuatro, siete, diez.
Con vos ya no puedo contar.
Mis números se mezclan, a vos ya no te puedo contar.
Dos, tres, uno.
Uno más uno no siempre suman dos.
Y dos menos uno, da igual a vos.
Ocho, cinco, y dos.
Había una vez un error.
“No me dejes arrepentirme de sentir tu voz” te dije una vez.
Y vos, inalcanzable, no me dejaste contar con vos.

viernes, 28 de marzo de 2014

No esperes.

Tarde o temprano, la vida te pasa factura. Tarde o temprano, tenés que pagar. Vicios vueltos enfermedades, engaños que explotan en tu cara, falsas sonrisas convertidas en lágrimas, besos no dados que se vuelven dolor. Exámenes mentales que debiste pensar.
Temprano, o tarde, hay que enfrentar. Mientras más tardemos en pagar, la cuota más va a aumentar. No esperes. No esperes. NO ESPERES. La vida es hoy, el karma llega mañana. Todo vuelve, y no importa cuánto poder, dinero, contactos o muertos en el placard cargues en tu hombro, estoy segura de esta afirmación.
El carpe diem ya no vale solamente para decir “te amos” que dejaste debajo de la cama, ni para abrazos que olvidaste junto al cajón, vale para un cambio de actitud. Porque el día de mañana no sabes si va a llegar.
Ajusta cuentas, cambiá la cara. La vida va a llegar, pegarte una trompada, dejarte en el piso, y ninguna mano te vendrá a ayudar. Sé optimista. Decí un te quiero por día. Sonreí. Transpirá. Escribí. Sentí el sol en la cara. Baila. Pagá y enfrentá. Que si no es esta la receta para la felicidad, mi karma mañana me lo contará.

viernes, 14 de marzo de 2014

Mochilas



La palabra “consecuencias” o “heridas abiertas” no me gustó. Le dí vueltas a una apropiada para esa sensación. Ese sentimiento. Situación. Me gustaría denominarlo “mochilas”.

Cuando ya superás lo veintitantos y no tenes tendencia a que te gusten los menores de 18, te digo que es difícil no cruzarte con personas con un corazón cargado de mochilas. Hablando, sintiendo, escuchando, quise poner en palabras este tipo nuevo de sensación de que todos cargamos con una ex relación, ex amorío, ex dolor, ex herida, que nos condiciona a partir de ahí en todas las relaciones que le siguen.

¿Cómo puede ser si tu ex novio/a te engañó y mintió en cada situación que le fue posible, comencemos a desconfiar en todo tipo de actitudes que nos rodean?

¿Cómo puede ser que si tu anterior relación terminó por falta de ganas de remarla, empecemos a odiar a toda persona que no se la juega?

¿Cómo puede marcarte tanto algo que a la vez te pudo haber hecho tan feliz momentáneamente?

¿Cuánto de una nueva relación estamos dispuestos a perder por miedo a volver a caer?

¿Cuándo vamos a aprender a crecer, a superar, a entender, a volver a creer?

¿Esto es bueno, o malo? ¿Quiere decir que aprendimos de nuestros errores?

Por mi parte, tanta pared chocada me explicó que nunca tengo que entregar todo lo que tengo hasta no ver llena el agua de la pileta. Jugármela con cuidado, no ser tan ilusa, tener más miedo. Aprender que con querer a alguien no alcanza, que todo esto es de a dos. Por mala suerte.

Las relaciones se vuelven más complejas con el pasar de los años, del crecimiento, con las horas que cargamos. Y las mochilas se vuelven más pesadas, dolorosas, intensas. Y no siempre tenemos ganas de sacarla de la espalda, no siempre nos cuesta dejarla en el perchero de entrada a lo nuevo. A veces la abrimos, la revisamos, sacamos algo del fondo, lloramos.

Las relaciones se vuelven más complejas, más complicadas, pero también más fuertes. Pasa el tiempo y te encontras con cada vez más gente que se la quiere sacar. Que se la quiere sacar de la espalda por vos. Y es un rasgo realmente admirable aquella persona que realiza el mismo gesto y la deja atrás. Se trata de encontrar una nueva mochila, un nuevo bolso, completamente vacío, que puedas volver a llenar. Y, si tenes mucha suerte de verlo y prestas mucha atención, el peso es mucho más liviano porque se lleva de a dos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Cúando y cómo



Tengo una cita imaginaria.

Todavía no sé cuándo.

Ni cómo.

Ni si estarás.

Pero tengo una cita con tu sonrisa, y vale la pena esperar.

martes, 18 de febrero de 2014

Mayonesas intergalácticas



No sé qué McDonalds era, solo me acuerdo que habíamos tomado Fernet como si fueramos seis hombres y que habíamos caminado mucho desde el boliche para llegar ahí. Yo quería mis papas fritas grandes con kétchup y no había tacos suficientemente altos, calles enormemente largas y chorros gigantemente cabezas que me lo impidieran. Y el resto me seguía, no sé de quién fue la idea, pero finalmente llegamos.

Estaba repleto de gente, eran alrededor de las cinco de la mañana y a todos se les antojaba bajar el chupi con cosas grasosas, todos gordos felices, no sé si sonreían por la borrachera o porque iban a comer, pero yo sonreía también.

Nos sentamos las seis en una mesa y comimos como bulímicas desnutridas. Creo que me lastré 20 papas fritas en 10 segundos, encima la hija de puta de mi amiga Gise no se pidió nada para hacerse la light y me las robaba cuando yo me distraía: te estoy viendo chabona, con el morfi no se jode, pensé que teníamos códigos, una más y me garcho a tu papá. Y me embarazo, forra.

De repente, cae un sobre de mayonesa volador en el centro de nuestra mesa. Lo observo, no sabía si realmente había pasado o si estaba más en pedo de lo que creía. Me tildé mirándolo unos veinte segundos hasta que decidí dejar de fantasear mierda y mirar al resto de las chicas. Ah, no, no era fantasía, porque el segundo sobre cayó al lado de Pame y esta vez estaba abierto. Después fueron papas fritas, y pedazos de pan. Qué chota pasa? Mi lentitud mental comenzaba a molestarme y escucho a un chico de la mesa de al lado decir “Si les tiran algo más les digo algo”. No sé quién sos, no sé de qué hablas, las mayonesas voladoras intergalácticas no me importan, no te hagas el galán. Gise me pega un codazo “Esta re fumado pero está bueno eh”. Lo miro: amigo, abrí los ojos, disimulá que te encanutaste cinco churros. Este es un ambiente familiar, pienso, y miro de reojo la gigantografía de Ronald McDonald abusador con cara de psicópata en el sector para niños.  

Al parecer era la única que no estaba conectada con la historia de los objetos que aterrizaban en nuestra mesa, porque el resto de mis amigas comenzaron a putearse con una mesa ubicada a unos diez pasos compuesta por seis pibes bastantes gomas y con el coeficiente intelectual de un chico de cinco años. Mezclado con un camello.  Que aún babea.

Lo que sucedió a continuación pasó en lo que a mí me parecieron diez segundos. La discusión continúa, el fumado se levanta haciéndose el héroe, les grita a los gomones tira mayonesa “Vamos afuera”. Mis amigas ponen cara de poker. Salen los seis giles, el superman inhalador de plantas y su amigo y nosotras miramos desde adentro. Se empiezan a cagar a palos pero zarpadamente. Cachetada va, piña viene, patada ninja, yo comía mis papas y la pasaba genial. De repente miro a mi costado y Gise ya no estaba. Como buena borracha, se levantó decidida no solo a terminar la pelea sino a levantarse al fumón. Mucho coraje, nosotras la aplaudíamos como si fuera Juana de Arco. No sabemos en qué consistió la conversación que tuvo con el grupo, pero veía a una chica con un vestido rojo y lentes de sol (nunca supe por qué tenía lentes de sol a las 5 am) moviendo los brazos indignada y a los gritos. Yo la filmaba desde adentro y relataba la pelea, les soy sincera: son puros balbuceos y muchas malas palabras. Vuelve a entrar, se sienta y con su mejor cara de puchero dice “No me dio bola”. Se quiso hacer la guacha pistola y le salió para el ogt, le convidé una papa para que se sienta mejor. Solo una.

De repente, vemos que todos se hacen amigos: sí, así de primitivos son los hombres. Se abrazan, se proponen ir a tomar una cerveza y se van todos juntos. Nosotras, sin entender ni chota, salimos para volver a nuestras casas y los encontramos en la puerta.

Ahora, les cuento que la historia termina con una de mi grupo chapando con uno de los que de la mayonesa que vuela, pero tengo más códigos que Gise y mis papas, y no la puedo quemar. Me puede llegar a matar. Noches bizarras que solo suceden en Capital pensé, me tomé el 29 y  pensé “esto mi blog lo tiene que contener”.