La transición es definida por la
real academia española como “Acción y resultado de pasar de un estado o modo de
ser a otro distinto. Un cambio de expresión y de tono”.
Pero cuando hablamos de esos
momentos en que una relación larga se termina y comienza la siguiente, se puede
hablar de transición? Ese tiempo en el que estás sola y tenes que enfrentarte
con la cruel realidad: los hombres son un interrogante, al menos para mí
que, desde que tengo memoria, estuve de
novia.
Nadie me previno de esto. Si, yo
escuchaba a mis amigas bardear, insultar, gritar, llorar, reír, delirar, por un
par de flacos pero mi escepticismo siempre ganaba y cada vez afirmaba más su
locura. Perdonen amigas, fui muy ilusa. Pero ahora, el karma me vuelve y la
inconsciente soy yo, la que grita y ríe soy yo, la que tiene sus emociones a
flor de piel. Una adolescencia tardía, me diagnostiqué, con casi 23 años
cargadísimos en la espalda. Huevona.
Tras un análisis profundo de los
diferentes especímenes con los que me fui cruzando y aprendido de mis amigas,
decido ayudar a las futuras Cintias en estado de transición. Damas y no tan
damas, les presento “La guía personal de los distintos tipos de interrogantes
con lo que nos podemos cruzar en la ciudad de Buenos Aires”. (Si, tuve que
hacer el recorte geográfico, me lo enseñó la facultad)
·
El necesitado (o también definido como “dame el
amor que no me da mi madre”): Este fue el primer espécimen que tuve el agrado
de conocer. Lean agrado con comillas, por favor, es importante. Se caracteriza
por abrazos, besos, caricias y babas excesivas. Saturación de mensajes, maldito
whatsapp, dame amor por favor. Te cuenta su completa historia de vida sin que
se la preguntes, probablemente llore en la segunda cita. Dicen las malas
lenguas que después de la primera encamación te larga un te quiero.
Desconcertante. Adiós para siempre, flaco.
·
El resentido (o también conocido como “mi ex me
hizo cornudo”): Un clásico, el que ni en pedo se engancha porque, según cuenta
la leyenda urbana, su ex lo hizo mierda. Y ahora tenemos que pagar nosotras:
las pibas piolas. El problema de este espécimen es que, al no poder tenerlo del
todo, nos desespera y queremos tenerlo más. Experiencia personal. Contrario al
necesitado, no le sacas un te quiero ni siendo una reina con sus necesidades.
Hace terapia flaco, tu ex te cuerneó por algo.
·
El
borracho (o también nominado “me tomé medio fernet y no conseguí a quien
garcharme”): Este pibe es el genio de los genios, la mayoría de las mujeres va
a pasar por esta especie en su momento de transición, porque jamás se puede
llegar a una relación en serio con semejante hijo de puta. Al menos si sos una
mujer coherente y autosuficiente. Es el clásico que jamás aparece durante la
semana pero, mágicamente, viernes o sábado (dato que varía de acuerdo a sus
horarios de facultad y trabajo), generalmente entre las 5 y 6:30 am, te manda
un mensaje preguntándote si estas despierta. No le importa si estas con otro,
si estas pasándola bombastick en un parlante bailando el menaito, si estas
durmiendo porque tenes que rendir un final de física cuanticael lunes. No, al
borracho no le interesa nada más que su miembro masculino, y mucho menos vos.
No seas boluda.
·
El de transición (o también conocido como “corto
con mi novia, te uso, vuelvo con mi novia, y se repite hasta que uno de los dos
se casa o mata”): Qué vida chota la de este pibe, vive en el proceso de
transición durante un periodo muy grande de su vida pero durante ratos cortos.
Por lo general, tienen una novia arrastrada y ellos son lo bastantes cagones
para volver constantemente con ellas. Cada vez que cortan, te pega
whatsappeazo, haciéndote creer que le importas. Y vos caes como la reina de las
gilas. Y, cada vez que vuelve con la novia, vos te masoqueas entrado al
facebook de ambos, stalkeando su vida entera, a sus amigos, y llorando porque
se van a casar. Pero el hijo de puta a las dos semanas te escribe de vuelta y así
constantemente hasta que vos, en un acto de amor propio, te cortas las venas o
te enamoras de cualquiera de los especímenes anteriores (que, sinceramente, no sé
qué es peor).
·
El rey (o también nominado “flaca, sos mi
sirvienta”): Su frase cabecera es “haceme un favorcito …”. Este pibe,
probablemente, (disculpen la generalidad) vive en algún barrio chetito de la
city porteña, como San Isidro o derivado. Su madre no lo deja ni limpiarse el
ogt solo y, pedazo de pelotuda la madre, le hizo creer que todas las mujeres
somos así. Amigo, apenas me puedo mantener parada y vos me hinchas los huevos.
Siempre encuentra la manera de manipularte para hacerte creer que es demasiado
para vos y que tenes que hacer todo por él, como tomarte el 152 a la una de la
mañana un martes para verlo porque se le canto garchar, o traerle un exprimido
after coitus. Seguramente, te aviso amiga, te deje por una mas servicial o, se
un poco más viva, dejalo vos por uno que te atienda … el necesitado suele
hacerlo.
·
El sexópata (también lo podes llamar “Mr.
Orgía”): A esta especie le vendría bien regalarle un filtro. Situación: chatean
un tiempo, un amor, di vi no. Deciden conocerse y vos, ilusa, lo pones en tu
lista de hombres decentes. Pobre. Se encuentran en un boliche, vos con tus
amigas y el con sus amigos, bailan, chapan, y justo cuando empezas a enamorarte
el muy hijo de puta te tira “Si traes a tu amiga la rubia y…?”. Con poker face,
te recomiendo, darle la mano, bloquearlo de todas las redes y tirarle un
#besito vía whatsapp. O podes ser media boluda, reírte creyendo que es joda, y
seguir chateando pero amiga, te aviso, las siguientes conversaciones van a
incluir las palabras sexo, látigo, culo, teta, leche y todo tipo de derivados.
Ahórrate este paso, y mándalo al prostíbulo.
·
El desaparecido (o también conocido mundialmente
como “garch and go”): Si hay algo que hay que reconocerle a este tipo de hombre
es la calidad de sus chamuyos. Probablemente lo conozcas en un boliche o en el
bar de turno. Bailan, te hace cagar corazones y flores, y vos no sos de las que
se encaman con uno que conoce de esa noche pero es taaaaaaaaaaan divino. Le
preguntas a tus amigas si da. Tus amigas, re en pedo, te dicen “Dale para
delante, es un caño y parecen llevarse re bien, puede ser el amor de tu vida
gorda”. Las bolas, chichis. Lo llevas a tu casa y desaparece cuando ni siquiera
te acomodaste en la cama (y ni siquiera te regala un orgasmo). Obvio, promete
llamarte, pero jamás te pasa su número. Imposible encontrarlo en Facebook y vos
volves a ese bar como buena boluda creyendo que lo vas a volver a encontrar
porque anoto mal tu celu, porque lo asustaste de lo mucho que se engancho con
vos, porque te negás a creer que alguien pueda ser tan bueno con vos solo para
darte un cepillazo. Gi-la-da.
Sí, hay muchas
clases más, yo todavía no tengo el agrado y la felicidad de conocerlos. Muero
por hacerlo. Si, es un mundo de mierda. Pero también están los que enamoran,
los que, después de mucho sufrimiento, ceden. Los que se la juegan y los que
todavía creen que de a dos es mejor.
Pero
sobretodo, chicas, tenemos que aprender que nosotras también somos ese espécimen
de alguien. O me vas a negar que nunca bloqueaste al caño que te garchaste en
pedo, lo encontraste en Facebook y era un culo? Y así, mágicamente, nos
volvemos El desaparecido versión femenina con tal de negar semejante bicho en
nuestro historial.
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