miércoles, 20 de noviembre de 2013

La guía personal de los distintos tipos de interrogantes con lo que nos podemos cruzar en la ciudad de BsAs

Por @cgrinstein //


La transición es definida por la real academia española como “Acción y resultado de pasar de un estado o modo de ser a otro distinto. Un cambio de expresión y de tono”.

Pero cuando hablamos de esos momentos en que una relación larga se termina y comienza la siguiente, se puede hablar de transición? Ese tiempo en el que estás sola y tenes que enfrentarte con la cruel realidad: los hombres son un interrogante, al menos para mí que,  desde que tengo memoria, estuve de novia.

Nadie me previno de esto. Si, yo escuchaba a mis amigas bardear, insultar, gritar, llorar, reír, delirar, por un par de flacos pero mi escepticismo siempre ganaba y cada vez afirmaba más su locura. Perdonen amigas, fui muy ilusa. Pero ahora, el karma me vuelve y la inconsciente soy yo, la que grita y ríe soy yo, la que tiene sus emociones a flor de piel. Una adolescencia tardía, me diagnostiqué, con casi 23 años cargadísimos en la espalda. Huevona.  

Tras un análisis profundo de los diferentes especímenes con los que me fui cruzando y aprendido de mis amigas, decido ayudar a las futuras Cintias en estado de transición. Damas y no tan damas, les presento “La guía personal de los distintos tipos de interrogantes con lo que nos podemos cruzar en la ciudad de Buenos Aires”. (Si, tuve que hacer el recorte geográfico, me lo enseñó la facultad)

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 El necesitado (o también definido como “dame el amor que no me da mi madre”): Este fue el primer espécimen que tuve el agrado de conocer. Lean agrado con comillas, por favor, es importante. Se caracteriza por abrazos, besos, caricias y babas excesivas. Saturación de mensajes, maldito whatsapp, dame amor por favor. Te cuenta su completa historia de vida sin que se la preguntes, probablemente llore en la segunda cita. Dicen las malas lenguas que después de la primera encamación te larga un te quiero. Desconcertante. Adiós para siempre, flaco.

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El resentido (o también conocido como “mi ex me hizo cornudo”): Un clásico, el que ni en pedo se engancha porque, según cuenta la leyenda urbana, su ex lo hizo mierda. Y ahora tenemos que pagar nosotras: las pibas piolas. El problema de este espécimen es que, al no poder tenerlo del todo, nos desespera y queremos tenerlo más. Experiencia personal. Contrario al necesitado, no le sacas un te quiero ni siendo una reina con sus necesidades. Hace terapia flaco, tu ex te cuerneó por algo.

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 El borracho (o también nominado “me tomé medio fernet y no conseguí a quien garcharme”): Este pibe es el genio de los genios, la mayoría de las mujeres va a pasar por esta especie en su momento de transición, porque jamás se puede llegar a una relación en serio con semejante hijo de puta. Al menos si sos una mujer coherente y autosuficiente. Es el clásico que jamás aparece durante la semana pero, mágicamente, viernes o sábado (dato que varía de acuerdo a sus horarios de facultad y trabajo), generalmente entre las 5 y 6:30 am, te manda un mensaje preguntándote si estas despierta. No le importa si estas con otro, si estas pasándola bombastick en un parlante bailando el menaito, si estas durmiendo porque tenes que rendir un final de física cuanticael lunes. No, al borracho no le interesa nada más que su miembro masculino, y mucho menos vos. No seas boluda.

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 El de transición (o también conocido como “corto con mi novia, te uso, vuelvo con mi novia, y se repite hasta que uno de los dos se casa o mata”): Qué vida chota la de este pibe, vive en el proceso de transición durante un periodo muy grande de su vida pero durante ratos cortos. Por lo general, tienen una novia arrastrada y ellos son lo bastantes cagones para volver constantemente con ellas. Cada vez que cortan, te pega whatsappeazo, haciéndote creer que le importas. Y vos caes como la reina de las gilas. Y, cada vez que vuelve con la novia, vos te masoqueas entrado al facebook de ambos, stalkeando su vida entera, a sus amigos, y llorando porque se van a casar. Pero el hijo de puta a las dos semanas te escribe de vuelta y así constantemente hasta que vos, en un acto de amor propio, te cortas las venas o te enamoras de cualquiera de los especímenes anteriores (que, sinceramente, no sé qué es peor).

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 El rey (o también nominado “flaca, sos mi sirvienta”): Su frase cabecera es “haceme un favorcito …”. Este pibe, probablemente, (disculpen la generalidad) vive en algún barrio chetito de la city porteña, como San Isidro o derivado. Su madre no lo deja ni limpiarse el ogt solo y, pedazo de pelotuda la madre, le hizo creer que todas las mujeres somos así. Amigo, apenas me puedo mantener parada y vos me hinchas los huevos. Siempre encuentra la manera de manipularte para hacerte creer que es demasiado para vos y que tenes que hacer todo por él, como tomarte el 152 a la una de la mañana un martes para verlo porque se le canto garchar, o traerle un exprimido after coitus. Seguramente, te aviso amiga, te deje por una mas servicial o, se un poco más viva, dejalo vos por uno que te atienda … el necesitado suele hacerlo.

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El sexópata (también lo podes llamar “Mr. Orgía”): A esta especie le vendría bien regalarle un filtro. Situación: chatean un tiempo, un amor, di vi no. Deciden conocerse y vos, ilusa, lo pones en tu lista de hombres decentes. Pobre. Se encuentran en un boliche, vos con tus amigas y el con sus amigos, bailan, chapan, y justo cuando empezas a enamorarte el muy hijo de puta te tira “Si traes a tu amiga la rubia y…?”. Con poker face, te recomiendo, darle la mano, bloquearlo de todas las redes y tirarle un #besito vía whatsapp. O podes ser media boluda, reírte creyendo que es joda, y seguir chateando pero amiga, te aviso, las siguientes conversaciones van a incluir las palabras sexo, látigo, culo, teta, leche y todo tipo de derivados. Ahórrate este paso, y mándalo al prostíbulo.

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El desaparecido (o también conocido mundialmente como “garch and go”): Si hay algo que hay que reconocerle a este tipo de hombre es la calidad de sus chamuyos. Probablemente lo conozcas en un boliche o en el bar de turno. Bailan, te hace cagar corazones y flores, y vos no sos de las que se encaman con uno que conoce de esa noche pero es taaaaaaaaaaan divino. Le preguntas a tus amigas si da. Tus amigas, re en pedo, te dicen “Dale para delante, es un caño y parecen llevarse re bien, puede ser el amor de tu vida gorda”. Las bolas, chichis. Lo llevas a tu casa y desaparece cuando ni siquiera te acomodaste en la cama (y ni siquiera te regala un orgasmo). Obvio, promete llamarte, pero jamás te pasa su número. Imposible encontrarlo en Facebook y vos volves a ese bar como buena boluda creyendo que lo vas a volver a encontrar porque anoto mal tu celu, porque lo asustaste de lo mucho que se engancho con vos, porque te negás a creer que alguien pueda ser tan bueno con vos solo para darte un cepillazo. Gi-la-da.


Sí, hay muchas clases más, yo todavía no tengo el agrado y la felicidad de conocerlos. Muero por hacerlo. Si, es un mundo de mierda. Pero también están los que enamoran, los que, después de mucho sufrimiento, ceden. Los que se la juegan y los que todavía creen que de a dos es mejor.

Pero sobretodo, chicas, tenemos que aprender que nosotras también somos ese espécimen de alguien. O me vas a negar que nunca bloqueaste al caño que te garchaste en pedo, lo encontraste en Facebook y era un culo? Y así, mágicamente, nos volvemos El desaparecido versión femenina con tal de negar semejante bicho en nuestro historial.

      

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