En
días así siempre puedo aferrarme al amor, a unas canciones. A la música.
Siempre puedo irme a dormir. Siempre puedo salir a caminar a las cinco de la
mañana y sentarme en un banco de un parque, sentir con la cara el aire fresco,
y ver pasar a la gente y pensar que si bien la vida a veces la juega mal y
mediocremente, tuviste situaciones peores. Y siempre pasaron.
Repito,
lo peor ya pasó. Y a veces tengo miedo de que lo mejor también. Ni siquiera sé
cuándo pasaron, quizás cuando recorría el patio de mi casa por primera vez, o
cuando rocé tu cara por última vez. Quizás cuando esos grandes amigos que ahora
ya no sé donde están me acompañaban a unas tardes interminables, y noches
enteras de discursos, historias, y vidas compartidas junto a mi primer amor.
Gente:
no se dejen engañar por el destino. Que no les mientan. Hay días en que vas a
pensar que las cosas mejoran a medida que avanza la película de la vida. Vivir
es envejecer, y sumar decepciones y traiciones. Pero también el alma vive de
caricias, de un te amo escondido, de un te extraño inesperado, de manos
agarradas, y largos abrazos con perfume rico.
Es
por eso, que también hay días como hoy que vas a pensar que las cosas empeoran
con el paso del tiempo, pero es bueno aferrarse a los buenos momentos y
recordar que todo en algún momento es llevado bien lejos por este viento que te
arranca los pies del suelo y te invita a volar.
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