Si vivís en la ciudad de la furia y conoces su calor húmedo,
desagradable y saturante, sobre todo después de un día de lluvia, vas a
entenderme cuando te hablo de lo fea que me sentí en el día de la fecha.
Me levanté con una resaca post salida de feriado, abrí mi
heladera y la tristeza era inminente. Con la fiaca a flor de piel, les juro que
me costaba hasta respirar, me calcé unas alpargatas sucias, un short desgastado
y la remera que quedó olvidada en mi
silla la noche anterior. Ni siquiera me atreví a mirarme al espejo: maquillaje
corrido, pelo con olor a cigarrillo, ojeras de las duras, mi imaginación ya era
suficiente. Básicamente incogible para cualquier ser de esta faz de la tierra,
pensé mientras bajaba en el ascensor. Camino las cinco cuadras que separan a mi
departamento del único super abierto en el día de nosequéverga en busca de agua
fría de manera desesperada, compro y cuando llego a la esquina no soporto, abro
la botella y entro a tomarla cual camionero tras 47 hs de viaje.
De repente, sin
previo aviso, surgen una serie de eventos muy rápidos para comprenderlos en ese
momento por mi cabeza llena de Fernet. Me roza una bicicleta, me pasa la mano
por la espalda un desconocido levantándome la remera, me atraganto, miro y un chabón
con una gorra verde me grita “Abrime las piernas aunque sea feriado, mamita”.
La puta madre, escupo todo, el pibe para la bici, temo por mi miserable vida,
empiezo a caminar cruzando las piernas para que no piense lo contrario, me la
pongo contra la baldosa embarrada y mi enamorado se entra a cagar de risa. No
tengo dignidad ni para un chabón que tira semejante frase, así sin preservativo
para oídos de por medio.
Cuando llegue a casa, dejando mi vergüenza tirada en Lavalle
al 2000 y rezando que nadie haya presenciado semejante escena patética, me bañé,
me acosté y aclaré mis ideas. Necesitaba olvidar esa escena haciendo una
reflexión profunda al respecto: era lo único que me quedaba. “Las mujeres y su estrecha
relación con el piropo” lo nombré mentalmente. La histeria en su máximo
esplendor y, es bastante loco, porque es una de las pocas cosas que jamás
hablamos en voz alta. Si nos sentimos lindas y no nos dicen nada, nos
indignamos “hijo de puta, no sabes apreciar la belleza”. Si nos gritan un “linda”
o un “diosa”, nos hacemos las Pampitas versión Policías en acción, y ponemos
caras de “desubicado rajá de acá” pero nos sentimos un caño duro. Si ese día
estamos ingarchables y nos dicen un piropo, nos desconcierta y atraganta la
saliva, no sabemos a quién mirar, morimos de vergüenza y ponemos poker face. Pero
mí preferido, el más inesperado de todos, es el guarango. Ese si JAMÁS lo
podemos prevenir. El nivel de creatividad estos piropos solo se les puede
ocurrir a los habitantes masculinos de la ciudad de Buenos Aires, desde “con
ese culo te dejo cagar en casa” hasta “con esas tetas te doy hasta con bigotes”,
la originalidad no tiene límites y parece aumentar cada día mas. ¿Mi favorito
de este mes? Te baño en chocolate, te meto en el freezeer y te clavo mi palito.
Si gente, me encontraba comiendo un palito bombón helado en la parada del 106.
Creativos sin agencia publicitaria donde trabajar, los nombró mi amiga Pame, y
nunca nada me pareció tan acertado.
jajajajajajajaj muy cierto. Imaginé todo, hasta tu short y tus alpargatas ;) "me van a hacer un juicio por el agujero en el culo que te voy a dejar" besis.
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